jueves, 29 de diciembre de 2011

Una charla con Unamuno...




Augusto llegó hasta donde se encontraba Unamuno y le dijo así:

—Don Miguel, vengo a comunicarle que estoy gravemente ofendido por sus palabras del otro día. Nuestra conversación me perturbó tanto que he acudido a la iglesia y he hablado con Dios.
—Alma cándida. ¿Y qué te ha dicho, si puede saberse?
—Que yo soy un personaje de usted. Pero usted es un sueño de él. Puede borrarme de la novela de un plumazo, pero usted tampoco existe.

Unamuno estalló en carcajadas delirantes. Augusto lo observaba con una gran expresión de desagrado.
—¡Pobre Augusto, eres la invención de un sueño!




lunes, 26 de diciembre de 2011

Verde oliva






He ido a pedirte sal,
con la alocada ilusión
de introducirme en tu cama.
Pero me ha abierto la puerta
una criolla,
negra y dulce como el chocolate
o el maíz.
Al fondo tú descansabas en el catre,
recuperando los ritmos
con las vergüenzas al aire.
Has visto el enojo
en mis uñas afiladas,
has oído el alboroto de caballos
en mi vientre,
y en el vano de la puerta
me has susurrado bajito
acariciando mi espalda:
si te bajas las enaguas
en el patio de manzanas
yo sujeto tus caballos
morena.


y no me has dado la sal...

lunes, 5 de diciembre de 2011

Ajustando cuentas...








Cuando ella venga a buscarme
no voy a tenerle miedo
ni daré un portazo.
Mansamente la seguiré voluntaria
y, con el pecho expectante,
ajustaré cuentas sin pedir nada,
pero no me postraré ante dios
ni albergaré la esperanza de una nube para mí.
No apretaré los puños ni temblará mi barbilla,
y seguramente la curiosidad me acompañe de la mano.
Quizá me volveré echando una última mirada
para que no se lleve el olvido
el murmullo del heno mecido por la brisa.
Aspiro a que amaneceres ensangrentados
derramen su sangre en mi nombre y en mi hora,
y no me quejaré,
partiré sumisa, quizá algo triste,
pero robaré por el camino un puñado de atardeceres
y la belleza efímera de los almendros,
el olor perturbador de los limones,
la sensualidad del mar
y la desnudez ebria de la luna.
Vientos y tempestades me cubrirán entera
de hojas secas
que abrigarán mi soledad.
Las tardes transcurrirán entre sombras
y las noches en silencio.
Una lluvia temprana
regará
ese viejo roble que me dará sombra y cobijo.
y después, colmada de soles,
mamaré de la tierra
la eternidad.