jueves, 28 de marzo de 2013

Si tú me dices ven..., igual te mando al carajo.






Hoy estoy algo cansada de cuentos, de todos los cuentos en general, hoy estoy tan ofuscada, indignada, asqueada con el ser humano y sus vilezas que si me muerdo la lengua seguro que moriré emponzoñada, verde, convulsa de rabia. El ser humano es malo por naturaleza, es aprovechado, egoísta, interesado, mentiroso, hipócrita y  más cosas que no diré, porque una es una dama y hoy me he perfumado. Nuestro ombligo. Ese orificio redondo como un astro, tierno y centrado, ese hemisferio lujurioso que separa nuestra humanidad en dos partes. Son los alrededores rosados y tiernos de nuestro ombligo lo único que nos interesa, todo aquello que se salga de esa deliciosa delimitación aterciopelada no cuenta, o cuenta poco. Hoy estoy cansada de ofrecerme, de prestarme para ser depósito cálido de lágrimas ajenas, hoy estoy exhausta de escuchar (que no oír), de tragar saliva, de evitar esa palabra dura; hoy es un buen día para dar un portazo que suene a signo de interrogación. Hoy me pide el cuerpo ser tan mala que me llevaría hasta el agua de los floreros abandonando a los tiernos tallos a su suerte y a su sed. Hoy me apetece dar un taconazo en el suelo y exclamar que estoy hasta los cojones de cuentos y vainas y milongas y sutilezas. Hoy es un buen día para insultar a Blancanieves y decirle que en el fondo era una guarra, porque dormía con siete  enanos superdotados, y que ya está bien de hacerse la dormida para que la despierten con un beso con lengua, y de paso decirle a la jorobada bruja que el tema de la manzana ya está muy visto y que viene siendo sólo una excusa para participar en la orgía.  En un día putrefacto como hoy me pide el cuerpo decirle a Cenicienta que se joda, que al menos a ella el cuento le ofrece un final con carroza y un bello príncipe con mallas (aunque algo plumífero y aflautado), un vestido maravilloso, y que sí, que es cierto, que limpiaba chimeneas y cobertizos llenos de mierda, pero hoy la gente lo hace por cuatro duros y sin final feliz (del final feliz ya hablaremos otro día). Hoy no me trago ya ni una mirada que parezca limpia, hoy no me desarmará la cadencia de tus palabras, no me derretirán tus eses ni tus lindezas; si hoy me llamas flaca no se me caerán las bragas. Estoy blindada para tus poemas de amor. Hoy si tú me dices ven, puede que te mande a la mierda.
Creo que hoy la vida me ha dotado de rayos X, creo que hoy te veo, creo que hoy puedo separar la paja del grano, creo que hoy no me vas a engañar.

¿Hago hoy una lista de lo que me jode?¿Me hablareis después? 

Puede que me joda ser una loca nostálgica, romántica y algo chapada a la antigua, puede que me joda que todo ruede tan rápido, que los amores ya no sean tras la reja, que el buzón sólo contenga frías e impersonales cartas de publicidad, o lacerantes y amenazadores recibos del banco. Puede que sólo sea una loca que mira tras las cortinas del balcón y  sueñe con calesas chirriantes entre la niebla londinense.
Lo siento, sólo soy una mujer que se quiebra ante los colores rosados y blanco de un almendro en flor.
Puede que me haya equivocado de siglo, puede que siempre vague perdida, puede que nunca sepa qué decir, puede que nadie me entienda, puede que siempre llore en un rincón,  puede que siempre te ame igual. Puede que nunca sepas que existo. Puede que siempre me joda todo. Puede que siempre me sienta fuera de tiesto.





lunes, 11 de marzo de 2013

Quid pro quo




Me gustan los búhos, las panteras, los gatos, los buitres carroñeros. Me divierte la risa malévola y aprovechada de las hienas. Me asustan los ojos muertos de los tiburones y la inexistencia que habita en los ojos de cristal de las muñecas. Me gustaría mirar la luna desde la almena de un castillo. Me aterroriza el fondo abisal del mar, las ballenas y su idioma íntimo. Me fascina el canto de las sirenas, su hipnótico embrujo, y entiendo a los marinos que se dejan seducir por sus cantos.
No podría dormir en la misma habitación en la que descansa un muñeco de madera.
Me dan miedo mis fantasmas.
Me gustan mis personajes y sus vidas alocadas; disfruto inventándoles finales imposibles; sé que algunos me odian, pero yo los adoro a todos.
Me reconforta el chocolate caliente. Me llevo bien con las chimeneas, con los troncos, con el humo, me gusta el humo de María y no me importa bañarme desnuda en el mar por la noche.
Me pone nerviosa que me mires.
Quiero mirarte.
Me apetece que invadas mi cuerpo comenzando por el cuello, y no me importa que sepas que tienes la batalla ganada.
Me seduce que te guíes por el mar de mi geografía siguiendo mis constelaciones  lunares. No me importa que me acorrales en la cocina y me muerdas la boca.
Nunca he sido valiente. Tengo mucho que perder.
Creo en la bondad de la gente, y en su maldad. Sé que todos llevamos un monstruo dentro.
No creo que los ojos sean las ventanas del alma, pero el brillo de las lágrimas me cuenta todo lo que necesito saber.
No me gusta la gente que grita, no me gusta gritar.
Me siento como un elefante en una cristalería en un restaurante de lujo; prefiero unas cervezas en un tugurio destartalado rodeada de buena gente.
No soy muy lista, no soy muy guapa, no sé mucho de nada, pero me muero por vivir y poder contarlo.
Si tú me dices ven, no lo dejo todo, pero sujetaré mis lágrimas.
No me asusta la muerte porque no quiero ser inmortal, si lo fuese sería vieja demasiados años.
Me gusta cómo huele la lluvia. Me gusta la tristeza desasosegada de los árboles en invierno. Me conmueve la indisciplinada grosería del granizo. Me provoca lujuria el sol estallando de rabia sobre el mar. Trago saliva cuando contemplo cómo se desangra la luna sobre los tejados. Un parque vació me provoca una tristeza inmensa. Admiro la voracidad del mar.
Me produce ternura el olor del cuerpo de un bebé. Me produce terror el olor a muerte de un viejo.
Me gustan los lunes. Adoro el aroma del café.
Me gusta mi gata cuando está triste y azul. Me gustan las palabras extrañas. Leo a los poetas suicidas.  Guardo las cartas de amor. Me gusta Calamaro, me gusta que me diga que es comandante de mi parte de adelante y dirigente de mi parte más urgente. La Callas me produce escalofríos cuando la escucho paseando por la playa desierta. No me gusta febrero.
Siempre quiero comprobar cuánta literatura me sale de las venas.

Os toca...

viernes, 8 de marzo de 2013

Búhos en un tugurio barcelonés



De izquierda a derecha: Lottie, Luis, yo, Siam, y Paulena.


Poco a poco mucha gente de la red se está volviendo “real”. Nos hemos acostumbrado a abrir el portátil y buscar las últimas entradas de aquella gente a la que solemos leer, o entrar en ese foro de literatura donde exponemos gran parte de nuestra alma; nos hemos acostumbrado a abrir, con ilusión, la casilla del buzón,  para comprobar quien nos ha escrito y para qué. Reímos ante las locuras de nuestros amigos en ese face loco y vertiginoso, y sonreímos descubriendo sus gustos musicales,  qué tipo de cine prefieren, o asentimos con la cabeza ante una cita profunda elegida con acierto. Pero más o menos a todos nos ha unido el Cupido de los Libros. Todos somos unos enamorados de las letras, cada cual en su estilo, cada cual deja la sangre que sabe o puede.
El viernes día 1 de Marzo tuve el placer y el privilegio de reunirme con algunos locos majaderos amantes de las letras; gente como yo, que adora leer, y que un buen día pensaron ¿por qué no? Y se abrieron las venas a ver cuánta literatura salía de allí.
Nos encontramos en mi Barcelona bella, en esas Ramblas barcelonesas, que lucen tan bonitas y llenas de flores un domingo por la mañana.
Supongo que para todos es algo extraño abrazar a alguien con quien se ha compartido de todo menos un abrazo. Es raro. Es como comenzar la casa por el tejado. Han cambiado las maneras, antes se descubría primero el exterior, ahora se comienza desde adentro. Y es curioso, pero doy fe de que cuando se lee el alma de alguien a través de sus palabras el físico pierde mucha importancia, al menos para mí. Igual es que soy una sentimental.
En todo caso en la quedada del día 1 encontré gente muy guapa, vital, entusiasta, gente a la que me encantó abrazar y tocar comprobando que realmente estaban a mi lado, que no era un sueño de la red. No, no era ficción, estábamos todos allí alrededor de unas coca-colas charlando de nuestras cosas; éramos los personajes reales de una tertulia literaria, aunque nos faltó el ambiente cargado de humo y las absentas, pero todo se andará.
A mis chicos de la foto los encontré en un foro agradable en el que estuve muy poco, aunque el suficiente para tomarles cariño. Cuando el foro cerró sus puertas, nos encontramos de nuevo en nuestros blogs y luego nos rescatamos todos en ese bendito face. 

Y ahora, que ya nos hemos conocido y abrazado, espero que la distancia no nos asuste y nos sigamos encontrando, y conociendo al resto de esa panda de locos que un día formamos "Buho"

Dejo una canción de Calamaro para mi amigo Luis de Carreteras secundarias, que comentó que le gusta y a mi me encanta. 
Os adoro, búhos míos.