domingo, 14 de junio de 2015

Verde


El caso es que aquel pequeño monstruo pecoso y de cuello corto pensó que la pintura se marcharía con el primer lavado. Y no le quedaba mal aquel tono verde primavera  al pequeño gato blanco, pero mamá se enfadaría mucho cuando llegara de trabajar. Mamá daba miedo cuando se enfadaba. Por eso frotó al tierno bicho con tesón, ora con agua fría ora con agua ardiendo, ora lo tendió al sol, ora a la sombra. Pero el verde primavera se volvió verde insolente. Sólo quedaba una última opción desesperada: un programa largo de noventa grados a mil revoluciones. 



Mi pequeña aportación a esos "99 crímenes cotidianos y un responso", de La pulga editorial.

Quisiera aclarar que adoro a los gatos y la foto de arriba pertenece a una de mis pequeñajas. La belleza en cuestión se llama Alabama Worley, y la foto es de Irene Martinez.


Y la portada del libro: